El fogonazo inicial de Unión no terminó de prender. Fue un arranque vertiginoso en el que tuvo una chance clara, cuando Balboa desvió un remate que se iba afuera y Cozzani, el arquero de Platense, desvió al córner con buenos reflejos. Fue eso, nada más. Ni siquiera se convirtió en preaviso. Enseguida, Platense empezó a ajustar marcas y Unión comenzó a mostrar los síntomas de siempre: 1) escasa claridad a la hora de crear juego; 2) la búsqueda con centros que se convirtieron en infructuosos. Vera y Del Blanco se mostraron por los laterales, pero pocas veces pudieron terminar bien los intentos. Y Platense se animó. Emparejó rápidamente el trámite del partido y trató de armar juego con Hachen y Ferreyra, los más habilidosos y punzantes del mediocampo.


































