Quedaron muchas incógnitas alrededor del acuerdo entre Unión y la dupla Munúa-Lezcano. De manera extraoficial, lo que se pudo saber es que la deuda se redujo a la mitad y que hubo una “donación” de los acreedores que oscila en los 200 mil dólares para una futura compra del predio para las divisiones inferiores. Unión se comprometió, cuando el viernes informó oficialmente el arreglo y la aceptación de Fifa para levantar la inhibición, a aclarar en un futuro cercano los términos de ese acuerdo. En la última asamblea, llevada a cabo en abril pasado y en la que se aprobaron Memoria y Balance de dos ejercicios, el presidente Spahn había informado que la deuda era de 240.000 dólares. Luego, se tomó conocimiento de un convenio de pago caído y de un aumento considerable de esa cifra. “No se arregla porque Lezcano no dice cuánto es”, se llegó a explicar en el momento más álgido de la negociación y mientras los días pasaban, el Kily se enojaba y declaraba, y Unión no podía concretar la incorporación de jugadores. No sólo que la incógnita gira alrededor de la cifra finalmente abonada, sino también que sería interesante que Unión explique e informe sobre lo otro, no sólo por ese carácter de “donación” que aparentemente existe por parte de Munúa y Lezcano, sino también por lo importante en este aspecto que es la promesa de adquirir el tan mentado y postergado predio que muchas veces se utilizó como “caballito de campaña” y que todavía no se ha materializado. Y que Unión necesita para tener su casa propia para las inferiores y no continuar de “prestado”.


































