Llegaron desde Montevideo los refuerzos solicitados: Luis Ernesto Sauco Borges, de Nacional; José Gerardo Silva, de Defensor Sporting; Julián Pirez, de Platense; Rubén Luis Iglesias, de Cerro; Mario Olivera, libre y los argentinos radicados entonces en Uruguay (Pedro Enrique Mansilla, de Defensor Sporting y Julio César Fernández, libre de Nacional). Después se agregaron Luis Ángel Tremonti, de Colón; Omar Asencio, de Arsenal de Sarandí; Luis Díaz, de San Lorenzo de Almagro y Luis Gregorio Ciaccia, libre de Gimnasia y Esgrima de La Plata. También se había incorporado el centrodelantero Miguel Antonio Juárez (salteño, natural de El Tala, conocido también como Ruíz de las Llamas, departamento Candelaria), procedente de Central Córdoba de Rosario, quien actuó solamente en cinco encuentros. Se resintió de una antigua lesión frente a Los Andes y abandonó la práctica activa del fútbol, teniendo un gesto que lo enalteció durante toda su campaña deportiva: devolvió al Dr. Casabianca el concepto que había percibido de prima.