El domingo 10 de mayo de 1998, Guillermo Ferreyra conducía su auto. Volvía junto a su familia a la ciudad capital desde Santo Tomé. En la Circunvalación Oeste, a la altura del Hipódromo, en una de las últimas curvas, perdió el control del coche y tumbó. Ese trágico episodio cambiaría radicalmente y para siempre su vida.



































