Sobre este tema, El Litoral consultó a la Lic. María Eugenia Ferrando (Mat.127/1), quien es Vicepresidenta del Colegio de Fonaudiólogos de Santa Fe y Directora de la Lic. en Fonoaudiología en la UCSF. “La voz es parte de nuestro cuerpo y depende de un montón de factores que hay que cuidar. Una voz sana es un voz clara, limpia, una voz que fluye fácilmente. Una voz que ya tiene ruido, que cuesta y denota esfuerzo, ya es una señal de alarma”, explicó la profesional.
“Uno no nace disfónico, nace con todo un equipo listo para funcionar, y a medida que vamos avanzando en la edad y en los diferentes usos que le damos, muchas veces hacemos malos usos y abusos que llevan al deterioro de nuestra voz”. En este sentido, es preciso remarcar que existen muchos factores de riesgos a los cuales estamos expuestos diariamente. De hecho “hay profesiones que tiene muchos más riesgos en el uso de la voz, y que necesitan de una educación en particular”.
Por eso, es necesario destacar que “la razón de que nazcamos con esta posibilidad de emitir voz, no la hace un recurso ilimitado, inagotable, sino que tiene algunos límites que los vamos a ir poniendo de acuerdo al uso y las normas de cuidado que le damos como cualquier parte del cuerpo”, explicó.