Gabriel Román (30) y Celeste Dufeck (28) viven en San Lorenzo, un barrio humilde y de casitas bajas. Un día los sorprendió la llegada de la pandemia y recibieron el cachetazo: ambos se quedaron sin sus empleos. Él trabajaba en una quiniela y ella en un local gastronómico como moza. La falta de sustento económico, como le ocurrió a tantas personas con el inicio del ASPO, fue como sentir que se pierde todo. La pareja debió vender varias de las cosas (electrodomésticos) para subsistir a duras penas.

































