-La investigación científica siempre sorprende, los resultados pocas veces son los esperados, más aun en ciencias ambientales. Ese es, a mi criterio, uno de los mayores atractivos de esta actividad: la sorpresa, lo inesperado. Por ejemplo, sorprende tristemente la velocidad con que los plásticos más grandes comienzan a fragmentarse una vez dispersos en el ambiente, multiplicando exponencialmente el número de partículas polutantes transportadas por la corriente y depositadas en bancos de arena, vegetación riparia o cúmulos de troncos y ramas. Este fenómeno depende de varios factores como el tiempo de ese plástico en el ambiente, su composición, la exposición a los rayos ultravioletas, la acción abrasiva de la corriente, etc. Una vez que el fenómeno comienza no hay manera de detenerlo, lamentablemente. Entender esto es crucial, acentuando la necesidad de colectar los plásticos dispersos por el ambiente antes que el fenómeno de la fragmentación comience. Por supuesto, lo ideal es que nunca lleguen al ambiente (pero debemos ser realistas y saber que, penosamente, aún estamos lejos de impedirlo efectivamente).