Desde hace tiempo, la superpoblación de palomas en la ciudad pasó de ser algo característico de la ciudad, a convertirse en un problema. Las andanadas de aves generan dificultades: en 2017, por ejemplo, debió arreglarse un parte de la fachada del Registro Civil: las palomas deterioraron las superficies. Lo mismo en otros lugares de valor patrimonial —Casa de Gobierno, por ejemplo—, y en la Casa de la Cultura, antes de ser restaurada, las palomas habían hecho “un desastre”. Además, las heces generan un corrosivo y dejan manchas de nunca sacar en las carrocerías de los autos.



































