Aunque pueda parecer un tanto contradictorio, las exigencias de la vida moderna obligan a los santafesinos a apelar a las viejas tradiciones para simplificar la cotidianeidad de las obligaciones. Es muy común ver hoy en la calle a, particularmente mujeres de distintas edades, acarrear bártulos en changuitos.
En los supermercados especialmente se ven y cada vez más. “Desde hace un tiempo la gente se preocupa por llevarse menos bolsas plásticas, entonces utilizan changos o las bolsas de red. Los más jóvenes copian un hábito que siempre tuvieron los mayores porque es muy práctico”, señala el gerente de la sucursal de barrio Candioti del supermercado Alvear, Luis Zanuttini.
Para hacer su aporte al cuidado del medio ambiente, el comercio ofrece a sus clientes bolsas de tela a seis pesos. “Es nuestra forma de sumarnos”, señaló el hombre.
En la caja, Matías asegura que “los clientes preguntan mucho por las bolsas que nosotros vendemos. Creo que ven que son más cómodas que llevarse un montón de las de plástico”.
Angela salía del local con su compra en una de red con muchos colores y se detuvo a charlar con El Litoral: “No me gustan las bolsas de nylon porque son tóxicas, además mi mamá usaba la bolsa de mercado y yo también prefiero hacerlo”.
En su puesto de la feria de calle General Paz entre Derqui y J. M. Zuviría, Catalina le entrega a una clienta unas mandarinas tentadoras. “Acá es común que la gente venga con los changuitos. Mirá todos los que se ven, no les gustan las bolsas”, afirma mientras suelta la compra, recibe el pago y señala a la multitud que arrastra los carritos.
“Sí, si”, apoya María a la vez que toma las mandarinas. “En mi casa se me acumulan demasiadas bolsas y si bien las uso para sacar la basura, nunca llego a ocupar todas”, relata.
A pocos metros de la feria, en casa Varela”, ofrecen los changuitos a 98 pesos. “La gente los lleva siempre”, dice Elsa, la vendedora como quien responde una obviedad. En el barrio, abundan.
Modelos “tuneados”
"Desde hace más o menos dos años los empezamos a traer y se venden muy bien”, explica María Marta, encargada de la sucursal de peatonal de la casa de blanco Arredo. Es que, “por comodidad y por tener conciencia ecológica la gente los prefiere”.
Para la comerciante, es una realidad que buena parte de los consumidores empezaron a comportarse diferente con el medio ambiente y toman medidas para cuidarlo. Si bien usar un chango no es una novedad para las personas mayores, para los más jóvenes puede ser todo un descubrimiento impulsado por la vida moderna y acelerada.
“Las bolsas de supermercado contaminan, se rompen y hay gente que no las puede levantar”, comenta y agrega: “Hoy es común que los lleven a la playa, a los clubes. Acá, por ejemplo, vinieron a comprarlos profesoras de danza que los usan para llevar todos los trajes de un espectáculo. Antes cargaban todo como podían y ahora usan los changuitos”.
También expuso su caso para demostrar la utilidad de los carritos: “Concurro habitualmente a un club y hace poco conté 20 mamás que los usan para la ropa de los chicos, las meriendas, los toallones. Sin duda, son más que prácticos”.
Lo que ofrece Arredo, “es una versión mejorada y divertida del tradicional changuito”: son de aluminio lo que los hace muy livianos, de tela impermeable, son extensibles y con bolsillos, lo que permite una carga de ocho kilos y un poquito más. Además, pueden quedar a la intemperie, se pliegan y ocupan muy poco lugar para guardarlos y tienen mango de neoprene para que no patine la mano al tomarlos.































