Aída Carballo fue hija de Raúl Carballo, un destacado diputado socialista, y desde temprana edad demostró su inclinación hacia las artes. “Aída nació un frío mediodía de julio, en San Telmo. Esa niña de mirada profunda, pies pequeños y piernas regordetas que escondía por vanidad, fue formándose a partir de una sensibilidad y una pasión que, con el tiempo, aprendió a traspasar al papel con un marcado surrealismo reo, muchas veces comparado con los personajes de Roberto Arlt. En su obra ‘Autorretrato con autobiografía’, la propia Aída se describe como una pequeña inquieta, traviesa, de mechón despeinado, la misma que solía escupir en la cabeza del turco del negocio de abajo desde el refugio de su balcón. Luego, se definía como la adolescente con vestido claro y color carmín que ingresaba a Bellas Artes, las divertidas mañanas en la escuela de la costanera; o como la artista de las cerámicas refinadas, actividad a la que dedicó buena parte de su vida hasta sumergirse en el mundo de la estampa” (Elizabeth Van Perdek, “Aída Carballo: Cuatro perfiles”, Revista Sudestada N°39).