“Nací en un barrio humilde de Firmat, el barrio de las cinco esquinas, en una casa de pequeño patio, donde teníamos una hamaca y un arenero para jugar con mi hermana. Me encantaba saber que vivía al lado de la casa del artista Don Andrés Acuña, quien fue luego mi profesor de Educación Democrática en el secundario. Siempre dejaba las ventanas abiertas y yo curioseaba, porque veía pinturas y esculturas que sentía que me esperaban. Un día, por suerte, don Andrés me hizo pasar y me explicó sus técnicas. Me dio un beso y me dijo: vos serás artista. Yo le dije que sí. Nunca imaginé que sería poeta”, dice Martin.