Pocos conocen o recuerdan el nombre de Richard Gerstl, pintor austriaco de principios del siglo XX, pero hay especialistas que consideran que, de no mediar su trágica muerte a la temprana edad de 25 años, hubiera cambiado el curso de las artes plásticas europeas. La suya es una de esas historias de artistas que eligieron vivir intensamente, se apagaron pronto, pero dejaron una obra poderosa, enigmática que todavía desvela a los espectadores avezados.



































