Pintar Rincón para que no se borre: arte, memoria y una advertencia publicada en 1969
Un artículo de El Litoral de enero de ese año alertaba sobre el impacto del turismo y los cambios urbanos en la ciudad costera. Medio siglo después, la pintura de Francisco Puccinelli permite reconstruir ese paisaje y esa identidad en riesgo.
Pintar Rincón para que no se borre: arte, memoria y una advertencia publicada en 1969
A finales de enero de 1969, El Litoral advertía sobre un fenómeno que comenzaba a alterar la vida cotidiana de San José del Rincón. La irrupción del turismo, los loteos acelerados y las transformaciones urbanas amenazaban con borrar la fisonomía tradicional del pueblo.
La advertencia no iba apuntada a una resistencia al progreso, sino que intentaba, con argumentos ciertamente sólidos, una defensa del modo de vida, de la calma lugareña y de una identidad que se había construido en armonía con el paisaje.
Más de medio siglo después, esa preocupación encuentra un eco particular en la obra del pintor Francisco Puccinelli, cuyas imágenes sirven como testimonio visual de aquel Rincón que el tiempo empezó a erosionar. Algo de eso mencionó Nancy Sobrero de Vallejo en una reciente entrevista.
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Un pueblo con perfil propio
San José del Rincón fue, durante décadas, uno de los pueblos de la costa santafesina con mayor personalidad. Sus calles arenosas, las quintas, los jardines, las casas bajas y el trato afable de su gente eran (¿son?) un entramado que excede lo pintoresco para ser una forma de convivencia.
Ese equilibrio, advertía el diario en 1969, comenzaba a resquebrajarse ante la "fiebre veraniega", los campings improvisados, los picnics y el aluvión de visitantes que alteraban la tranquilidad del lugar.
A esa presión se sumaban los proyectos de ensanche de calles y la subdivisión indiscriminada de terrenos, señales de un crecimiento que avanzaba sin una planificación sensible a las necesidades del entorno. Cabe aclarar que no era un fenómeno que se limitara a Rincón.
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Puccinelli y el Rincón que fue
En ese contexto, la pintura aparece como una forma de fijar aquello que estaba en riesgo de desaparecer. En las obras de Francisco Puccinelli puede verse el Rincón de aquellos años: sus calles, sus casas, sus veredas y el entorno natural integrado a la vida diaria.
Puccinelli pinta un Rincón anterior a las grandes transformaciones, donde el ritmo todavía estaba marcado por lo cotidiano, no por la lógica del tránsito intenso o el turismo estacional. Cada imagen devuelve la atmósfera del sosiego lugareño que la editorial de El Litoral pedía cuidar.
Arquitectura, paisaje y memoria
El artículo de 1969 señalaba con preocupación la desaparición de construcciones típicas, muchas de ellas ubicadas frente a la plaza o en sus inmediaciones. Esa pérdida implicaba la ruptura de una continuidad estética y cultural.
Colección Santa Fe Arte
Las pinturas de Puccinelli permiten reconstruir esa fisonomía. Funcionan como memoria visual del pueblo, donde la arquitectura colonial sencilla, los espacios abiertos y el verde dominante todavía ordenaban la vida comunitaria.
En ese sentido, su obra dialoga con aquella idea, también planteada entonces, de preservar una identidad arquitectónica y evitar la proliferación de estilos ajenos al lugar.
El arte como refugio
El proyecto de un Museo de la Tradición y del Arte Rinconero, mencionado en aquel editorial, apuntaba justamente a reunir testimonios antes de que se perdieran. La pintura ocupaba allí un lugar central, como expresión surgida del territorio.
Colección Santa Fe Arte
Hoy, cuando muchas de esas escenas ya no existen, la obra de Puccinelli adquiere un valor que excede lo estético. Sus imágenes muestran un paisaje y conservan al mismo tiempo la alusión a una manera de habitarlo.
Leído desde el presente, el texto de El Litoral de enero de 1969 no parece anacrónico. Todo lo contrario, podría decirse que plantea una pregunta que sigue abierta y que es ¿cómo crecer sin borrar las huellas que definen a un lugar?
Una respuesta airada
Como dato de color para cerrar, el martes 4 de febrero del mismo año, El Litoral publicó una carta de Erardo Rey Leyes, que cuestiona con dureza los conceptos vertidos en el artículo al que hicimos referencia en los párrafos previos.
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"En otro aspecto de las reflexiones que hace el autor mencionado estoy completamente en desacuerdo, ya que sus ideas resultan muy personales y egoístas, además de hacer pensar que ese señor no tiene el mínimo concepto de lo que es tradición y lo que es progreso”, señala la misiva.
"No porque el pueblo de Rincón tenga una larga historia debe verse relegado a ser lugar de paz para tres o cuatro personas con aires de bohemios", añade.
"Si un pintor, escritor o poeta, quiere un paisaje apropiado para inspirarse, sugiero que, aparte de las bellezas naturales con que cuenta este pueblo, se les cree a esos señores en un lugar apartado, un ambiente colonial, con faroles, casas de adobe, pulperías, una carreta para que se traslade de un lugar a otro y demás elementos tradicionales”, dice más adelante.
Ya en aquellos tiempos, El Litoral era caja de resonancia para todo tipo de debates.