“Etiquetas de chicles, caramelos, galletitas y chocolatines, pequeñas obleas que certifican la calidad de las bananas de Ecuador, sellos con forma de animalitos, insectos de plástico o figuritas y pedacitos de encaje, son algunos de los signos con los que Richard Pautasso le tuerce el brazo a la solemnidad y hace más leve su existencia”, reflexionaba Isabel Molinas en el texto que especialmente redactó para “Ojos bien abiertos”. Y agregaba: “Desde aquella primera exposición presentada por Paco Urondo, a principios de los años cincuenta, diversos son los oficios que van tejiendo la historia de su vida y de su obra: las andanzas con los amigos del Retablillo de Maese Pedro, sus ambientaciones para las películas de Birri, decenas de escenografías y vestuarios para teatros independientes, las clases de la Mantovani, sus ilustraciones para El Litoral y La Capital, su amistad con Mujica Lainez, su vínculo con Miguel Brascó, la creación de ambientes para filmes de Juan Carlos Arch y tantas otras referencias que describen qué es ser un artista visual en Santa Fe. Porque aunque pase la mitad del tiempo en Buenos Aires, sigue teniendo su taller, sus libros y su colección de caracoles en Santa Fe.