Una joven estadounidense de 15 años padece una condición tal que el menor contacto con el agua -lluvia, sudor, lágrimas o un simple vaso de agua- produce un impacto negativo en su organismo, desde reacciones en la piel hasta mareos, cansancio, malestar en la zona abdominal y dolor en el pecho. Un caso poco común que sorprende a la comunidad científica en Estados Unidos.


































