Un día normal, desde Ovidio Lagos y Córdoba hasta el Monumento a la Bandera, nos separan aproximadamente 30 minutos a pie. Pero no es un día normal, Argentina acaba de salir campeón del mundo y en cada esquina hay una marea de gente que se moviliza. Lo hace como nunca, como quizás siempre lo soñó. Jóvenes, grandes, familias enteras a un solo grito "Soy argentino no puedo parar". En esa marea humana estaban el Dibu, Lautaro Martínez, Di María y claro, él, Lionel Messi en camisetas, banderas, remeras y en el "que de la mano de Leo Messi todos la vuelta vamos a dar". Quizás sin mucha conciencia de lo que se está produciendo, esa marea sigue rumbo al punto de encuentro, ese en el que cada hincha quiere visitar después de un triunfo importante o un título local, cómo no ir allí. Argentina es campeón del mundo y el festejo recién empieza. Es lógico, pasaron 36 años de la última conquista. Vamos a festejar, vamos a dejar de lado por un momento lo cotidiano y vamos a seguir cantando por ellos, por Fideo y por Lionel, por Rosario y por Argentina.