El año fue como una montaña rusa para Independiente. Un presidente que renunció a los pocos meses de haber asumido, un vicepresidente que dudó en tomar las riendas, tres directores técnicos e incorporaciones que, en su gran mayoría, no dieron la talla. Los temores por la posibilidad de perder la categoría y una decepción deportiva tras otra, que culminó con una certeza indeseada: por segundo año consecutivo el Rojo no participará de una copa internacional. Sin embargo, con la asunción de Carlos Tevez se vivió un mejor momento y mantuvo hasta el final cierta ilusión, pasado el susto de luchar abajo. No alcanzó.

































