Las horas que pasaron en esta ciudad, después del porrazo ante Venezuela, fueron de profundo silencio en el microclima de la Selección Argentina. Está claro que el golpe del Wanda fue durísimo, porque no quedó nada en positivo, ni siquiera esta vez la autocrítica del entrenador por el planteo, los cambios, la falta de un esquema que ayudara a resolver problemas adentro de un partido.
































