Seis años sin Kobe: el básquet todavía siente el golpe del 26 de enero de 2020
Este lunes se cumple un nuevo aniversario de la tragedia aérea que mató a Kobe Bryant y a su hija Gianna. En la NBA, el eco sigue vivo: desde Doncic y sus 73 puntos hasta las promesas cumplidas por Giannis y Tatum.
Seis años sin Kobe: el básquet todavía siente el golpe del 26 de enero de 2020
El 26 de enero tiene un silencio propio. Desde 2020, el calendario del básquet carga con una fecha que no se discute: ese día murieron Kobe Bryant, su hija Gianna y otras siete personas en un accidente de helicóptero en Calabasas. Seis años después, el vacío no se cerró.
No fue solo una pérdida deportiva. Fue la interrupción brusca de una vida que ya había cambiado de velocidad: la Mamba Academy, la paternidad en primer plano, el oficio de mentor. El mundo miró la noticia y sintió que se rompía algo que parecía invulnerable.
Los informes oficiales describieron el escenario con la frialdad de la técnica: continuar bajo reglas visuales en condiciones meteorológicas adversas, desorientación espacial del piloto y pérdida de control. No hubo “final épico”, solo un impacto contra el terreno. Y nueve nombres que quedaron para siempre.
En la NBA, el luto se transformó en lenguaje. Camisetas, homenajes, discursos. Pero, sobre todo, una sensación difícil de explicar: el básquet siguió, sí, aunque nunca volvió a sentirse igual. Como si el deporte hubiese perdido una frecuencia.
Seis años sin Kobe: el básquet todavía siente el golpe del 26 de enero de 2020. Foto: Reuters
Doncic, Lakers y la sombra del 81
Hay símbolos que el destino acomoda a su manera. Luka Doncic, que hoy juega en los Lakers, quedó inevitablemente pegado a Kobe por lo que representa esa camiseta y por lo que significa anotar en Los Ángeles. La franquicia no regala comparaciones: te las pone en la espalda.
Y la fecha también empuja recuerdos: hace dos años, el 26 de enero de 2024 -aún militando la camiseta de Mavericks- Doncic metió 73 puntos en un partido de temporada regular. Una locura moderna que, aun así, terminó mirando hacia arriba: el 81 de Kobe, ese techo que parece hecho de otra época.
No es que el básquet viva de nostalgias, pero hay noches que se miden con fantasmas. Cada racha de puntos despierta la misma pregunta muda: cuánto de “Mamba” hay en el hambre de seguir atacando cuando el resto ya afloja.
Con cada amague, finta y tiro en movimiento, Shai Gilgeous-Alexander, MVP y campeón, recuerda a Kobe. Cualquier fanático del deporte lo puede ver. El canadiense ha declarado que Kobe Bryant fue el GOAT, el mejor jugador de la historia.
Shai, el Kobe de la era moderna. Foto: Reuters
Jalen Brunson es una especie de Kobe de 1,85m. Es raro, pero se mueve parecido y tiene la misma -o más- valentía que el legendario escolta. JB ha conseguido convertirse en el rey de New York con su movimiento de pies y sus tiros imposibles para ganar partidos.
Para Brunson, Kobe es su GOAT y no sólo por como jugaba. El base de los Knicks, de contrato con Nike, ha llegado a rechazar tener su propia línea de zapatillas para conseguir PE’s (player editions/ediciones de jugador) de la línea de Bryant.
Jalen Brunson y sus Kobe "Estatua de la Libertad"
El legado llega a ese punto, dejar la marca propia para llevar la bandera de una leyenda.
Promesas cumplidas: Giannis, Tatum y la herencia
En la NBA, Kobe también dejó desafíos. A Giannis Antetokounmpo lo empujó con una frase pública: primero el MVP, después el campeonato. El griego ganó ambos, y lo hizo con una autoridad que convirtió aquella señal en profecía cumplida.
Jayson Tatum, por su parte, hizo visible su vínculo de otra forma: aquel mensaje “I got you today” que se volvió viral antes de un séptimo partido, como si buscara una aprobación imposible. Tiempo después, Boston fue campeón en 2024 y el peso de esa historia volvió a aparecer en cada recuerdo del 24.
Tatum y Antetokounmpo, dos de los mimados por Kobe en sus últimos años. Foto: Reuters
No se trata de convertir a Kobe en estampita, sino de entender el lugar que ocupó: el jugador que instaló una ética feroz, una manera de entrenar, una forma de tomarse el oficio. Para algunos, fue espejo; para otros, una vara.
El dolor no se fue, solo aprendió a convivir
Seis años después, el 26 de enero sigue cayendo como una piedra en el pecho. Porque la tragedia no dejó solo una estrella fuera de la cancha: dejó una hija que venía con nombre propio, una historia familiar interrumpida y un deporte obligado a mirarse al espejo.
Cada vez que una pelota entra en la basura y alguien grita “Kobe”, el gesto no es chiste. Es una señal. La Mamba se fue, pero su sombra sigue en el parquet: en los que prometieron, en los que anotan, en los que no negocian el trabajo. Y en ese vacío que todavía no aprende a picar.