Duelo con historia. Monzón y Martínez frente a frente, como muchos los han imaginado desde que “Maravilla” expresó su intención de superar a Carlos en la consideración general histórica del boxeo nacional. Ilustración: Lucas Cejas
El título de esta nota se desprende de la polémica instalada en los últimos meses, a raíz del encumbramiento del actual monarca CMB de las 160 libras. La misma tiene relación con algunas declaraciones que le adjudican.

Duelo con historia. Monzón y Martínez frente a frente, como muchos los han imaginado desde que “Maravilla” expresó su intención de superar a Carlos en la consideración general histórica del boxeo nacional. Ilustración: Lucas Cejas
Sergio Ferrer ¿Es mejor Sergio “Maravilla” Martínez de lo que fue Carlos Monzón? ¿Qué hubiera pasado en un combate entre ambos?... Ciertamente, las anteriores son preguntas o cuestionamientos difíciles de “saldar”, pero como comparar a las figuras del ayer con las de hoy se ha convertido en un hábito casi natural en muchos argentinos, habría que brindar algunos elementos para desestimarlas, ya que en esta ocasión no se salvó ni siquiera uno de los íconos sagrados del boxeo criollo, al que metieron salvajemente en este cruel universo de las confrontaciones extemporáneas. Evidentemente, se trata de discusiones sin sentido, en la que muchísimos especialistas boxísticos han preferido no intervenir, porque las consideran estériles e inconducentes. Nosotros también creemos que no sirve compararlos, aunque de igual forma tomamos partido a favor de Monzón el pasado 6 de noviembre, al ubicarlo primero en nuestro listado de los “50 Mejores Boxeadores Argentinos de Todos los Tiempos”, sitial en el que Martínez por ahora ha quedado décimo, pero con posibilidades de seguir escalando, porque su carrera no concluyó y todavía se vislumbran para él grandes desafíos. Con esto queremos significar que somos enemigos declarados y acérrimos de las comparaciones y los pronósticos vacíos de conceptos. Preferimos analizar, describir y brindar nuestra opinión. Así nació esta nota, para dejar en claro que no tiene sentido comparar a Monzón (el gran campeón del peso mediano del ayer y de todos los tiempos) con el zurdo Martínez (carismático y taquillero ídolo de hoy), si lo que genera tal actitud es el hecho de elegir sólo a uno en lugar del otro, eliminar al que no nos gusta, o “enojarse” por lo que se dice o se deja de decir. “Quiero ser el mejor” En la ciudad de Santa Fe y su zona de influencia, la polémica en torno a estos dos pugilistas creemos que nació a fines de noviembre último, cuando Sergio vino a presentar en Argentina su libro “Corazón de Rey”. Dicen que en algunas de las entrevistas que dio por esos días tuvo expresiones peyorativas hacia la ubicación histórica de privilegio del sanjavierino y hasta le adjudican una frase en la que se habría puesto por encima de este: “Yo a Monzón le hubiera ganado”. Sinceramente, no nos consta ni creemos que lo haya dicho en esos términos. Por eso mismo y porque prácticamente nadie sabe si realmente esa fue su expresión, incorporamos en estas líneas lo que Martínez narra en su obra, puesto que allí no dice “que es mejor” que Monzón, sino que quiere serlo, que es algo muy distinto. Lo hace a su manera, insistiendo con el concepto de que “no acepta ser segundo” y aclarando que su postura “va más allá de Monzón”, de quien reconoce su grandeza, porque “sólo tiene que ver con su meta final”, no con menospreciar a Carlos. Textualmente, en la página 211 del mencionado texto, Sergio escribe: “Hoy me halagan y me quieren poner en un podio que no acepto. Sé que es un honor y un orgullo que me comparen con Monzón y que digan que soy el segundo boxeador argentino más grande de la historia, pero yo sigo, sigo y sigo, porque no me gusta ser el segundo”. La opinión de la gente En definitiva, no sabemos cuál fue el verdadero disparador del enojo de muchos simpatizantes de Monzón, pero no son pocos los que se acercaron para deslizar el siguiente comentario: “Escuchaste lo que anda diciendo “Maravilla” a que él a Monzón le hubiera ganado”. En el libro, muy por el contrario, Sergio dice otra cosa: “Sé que Monzón tiene ganado su podio, pero no puedo quedarme con eso. Muchos miran el pasado y exclaman: ‘Todo lo pasado fue mejor’. Otros comparan a Maradona con Messi, pero yo no sé realmente quién es el mejor. Lo que sí sé es que, si yo declarara que quiero ser mejor que Monzón, quizás mucha gente lo tome a mal. Entonces yo digo que voy a luchar para ser lo mejor posible y para atarle los cordones a Monzón”. Francamente, de las seis o siete veces que nos pusimos a escuchar notas a Martínez en ninguna habló extendidamente sobre Monzón y en la única que surgió el tema, se refirió a Carlos con mucho respeto. Ahora bien sabemos que a Sergio hay algo que lo ha molestado mucho y es el “ninguneo” de una parte de la prensa argentina, que dice “que está por demás agrandado” y “que es un fanfarrón mediático”. Paralelamente, también sabemos que, por despecho, el inefable Mauro Viale empezó a comparar despreciativamente a Martínez con respecto Monzón, porque el bonaerense no le había dado una nota exclusiva a su movilero en el aeropuerto de Ezeiza. Fue la primera vez que “Maravilla” llegó a Buenos Aires tras su dramático pero convincente triunfo contra Julio César Chávez Jr. (ocurrido 15 de septiembre de 2012 en Las Vegas). El lector sabrá sacar sus conclusiones. De nuestra parte, queda aclarar que este análisis tendrá su continuidad en el tiempo, para tratar de vislumbrar, teóricamente y conceptualmente, qué es lo que creemos que hubiera pasado con estos dos fenómenos sobre el ensogado.
Anécdota Promediando los años ochenta, Eduardo González Riaño entrevistó a Carlos Monzón por Canal 13, le preguntó qué hubiera pasado en un combate entre él y el norteamericano Marvin “Marvelous” Hagler (el indiscutido campeón mediano de entonces), a lo que el sanjavierino contestó escuetamente: “No sé, nunca me enfrenté a un zurdo”. Hubo contactos para hacer ese match y hasta se habló de una bolsa millonaria para Carlos; pero éste, si bien en algún momento se estuvo entrenando como para ponerse en forma (se había retirado en 1977), jamás retornó al cuadrilátero.




