Hay una laguna, animales autóctonos, dos dados, luces, sensores y una pizarra magnética. También hay sumas, restas, problemas y razonamiento. Pero, sobre todo, hay chicos jugando. Y detrás de ese juego, una docente que entendió que para enseñar matemática, primero hay que conseguir algo que parece cada vez más difícil: despertar el interés de los chicos.


































