En tiempos donde el discurso imperante es sobre la crisis, no faltan los síntomas que demuestren tal afirmación. Durante los últimos años, se volvió habitual la falta de respeto de parte de alumnos a sus docentes. Ahora, con la pandemia sobrevolando, son los familiares quienes también desautorizan la tarea de los educadores. Incluso, en señal de nuestros tiempos, cualquier usuario de red social tiene el poder de la palabra a sólo un click de distancia. Aun si nada lo vincula directamente con la enseñanza obligatoria, puede corregir explicaciones. Y por más desconocimiento del proceso pedagógico que haya, puede dar cátedra de lo que se debe y lo que no. Al final, como ocurría con el emperador en el cuento de Hans Christian Andersen, la docencia ha quedado desnuda frente a la mirada ajena.
































