En el albor de los ‘90, Al Pacino ya era una leyenda. Había sido capaz de construir, gracias a su ductilidad, personajes que se convirtieron en íconos instantáneos. En 1972, casi eclipsó a Marlon Brando al encarnar a Michael Corleone en “El padrino”, un joven que pasa de repudiar a su familia a tomar el mando de un imperio criminal. Repitió el papel en 1974 y demostró su capacidad para encabezar un elenco de primera línea. El policía enfrentado a dilemas morales de “Sérpico” y sobre todo el inestable ladrón de bancos de “Tarde de perros” solo confirmaron su amplia paleta de recursos actorales. En los ‘80, rozando casi la desmesura, compuso al que tal vez sea su personaje más representativo: el narcotraficante Tony Montana de “Scarface”, bajo las órdenes de Brian De Palma.



































