Cuentan que en 1901, mientras Giuseppe Verdi se encontraba en su lecho de muerte en un hotel de Milán, una multitud se concentró en la calle para conocer su estado de salud. Tal era el respeto por el compositor que los presentes no sólo guardaron silencio, sino que además llenaron de paja las calles para que el ruido de los carros no molestase al artista. Gran parte de esa admiración se debía al camino realizado por Verdi en el mundo de la ópera. Y si hay un creador musical del siglo XX y parte del XXI que, asociado a otra disciplina artística popular como es el cine, obtuvo un prestigio similar al de Verdi, ese es otro italiano, llamado Ennio Morricone.

































