“Hubiera podido seguir viviendo con Dickie el resto de su vida, viajando y disfrutando de la vida hasta el fin de sus días. Si aquel día no le hubiera dado por ponerse las ropas de Dickie”. Tom Ripley es uno de los personajes más sugestivos de los delineados por la escritora Patricia Highsmith. Un psicópata que actúa movido por oscuras intenciones, pero que a la vez resulta fascinante. Como suele ocurrir con el mal, que desde tiempos inmemoriales se presenta bajo formas seductoras, pero podridas por dentro, como la fruta prohibida del Paraíso. Como Norman Bates, como Norman Bates, Hannibal Lecter y Patrick Bateman, Ripley ejecuta actos demenciales, pero aún así posee un aura, un carisma, un “talento” que deriva en una sensación incómoda para el que sigue sus tribulaciones: desea que le vaya bien, aún en la conciencia de que se encuentra en un camino errado.



































