Alguien utilizó el adjetivo “crepuscular” para definir a “Los imperdonables”, el western que Clint Eastwood presentó por primera vez en una sala de cine en la premiere que realizó en Los Ángeles (Estados Unidos) el 3 de agosto de 1992, hace 30 años. Pero ese camino (desarmar a través de una óptica revisionista la mitología del Lejano Oeste) lo habían transitado décadas antes John Ford en “Un tiro en la noche” y Arthur Penn en “Pequeño gran hombre”, entre otros. A Eastwood le cabe el mérito de haber quebrado definitivamente la figura del cowboy valeroso que reparte tiros sin remordimientos e imparte justicia en pueblos polvorientos. Como escribió Luis Martínez en El País de España respecto al film: “El oficio de pistolero enseña su rostro más brutal, sin mitologías”.
































