Hasta la década del ‘80, era infrecuente ver a los adolescentes y sus dramas retratados en la pantalla grande. En los ‘50 y los ‘60 se mostraba el costado más luminoso de esta etapa de la vida a través de filmes almibarados, más orientados al romance. Y en los ‘70 quedaron estereotipados como víctimas en las películas de terror con asesinos seriales o psicópatas despiadados. Pero hacia 1984, apareció un guionista-director llamado John Hughes que se propuso hacer películas sobre los jóvenes, centradas en sus temáticas de interés, protagonizadas por ellos y, principalmente, a través de sus propios códigos, conductuales y lingüisticos.


































