Patricia Severín describe la exposición a partir de una pregunta: ¿Cómo ve la fotógrafa la infancia? La escritora responde: “Ella registra los instantes del juego, de la ternura, el amor, la alegría. La luz es su principal aliada al momento de retratar. Los difusos segundos planos son tan protagonistas como los primeros. Fuera de foco queda lo que está más allá, lo que apenas se deja ver entre las sombras, lo que se intuye en la neblina. Tiene el ojo entrenado para registrar la belleza en las gotas de agua, en la libélula que se posa en los dedos de una niña, en los animales, la soga, el placer. Ana Paula Ocampo sabe encontrar los instantes ínfimos y hacer de ellos universos esenciales y también infinitos: esos momentos únicos que guardamos en el corazón”.