"Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, ya que a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas".
A propósito de la expectativa por el estreno de la segunda temporada de "Cien años de soledad" en Netflix, rescatamos los detalles de la producción de 1988 en la cual un cuento del Nobel colombiano pasó a ser largometraje.

"Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, ya que a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas".
Por estos días, la figura de Gabriel García Márquez vuelve a ser noticia. El motivo es que Netflix acaba de difundir el tráiler final de la segunda y última parte de "Cien años de soledad", la adaptación de la obra más conocida del escritor, que tiene fecha de estreno para el próximo 5 de agosto.
La serie, filmada en Colombia, es una de las apuestas más fuertes de Netflix en América Latina, junto con "El futuro es nuestro", miniserie basada en la obra de Philip K. Dick. Cabe recordar que la primera parte de "Cien años de soledad", fue muy elogiada a pesar de la arriesgada apuesta.
No es la primera vez que la obra de Gabo se cruza con el universo audiovisual. Arturo Ripstein, por ejemplo, adaptó al cine "El coronel no tiene quien le escriba". El británico Mike Newell indagó desde la pantalla el universo de "El amor en los tiempos del cólera" y en 2011 Geraldine Chaplin protagonizó "Memoria de mis putas tristes".
Sin embargo, hay una curiosa película de 1988, basada en un texto del colombiano, que tiene una impronta santafesina. Se trata de "Un señor muy viejo con unas alas enormes", el largometraje que dirigió Fernando Birri y que nació de una amistad de décadas con el ganador del Nobel.
Ambos se conocieron en los años cincuenta, cuando Birri estudiaba en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, y desde entonces compartieron el sueño de llevar al cine alguna historia. Durante años, cada encuentro en México, Cuba o París terminaba con la misma conversación. García Márquez insistía en que todavía no tenía un relato pensado para la pantalla.
Hasta que un día el texto apareció. Era el cuento "Un señor muy viejo con unas alas enormes". El santafesino se encerró durante varios días para convertir la prosa de García Márquez en imágenes cinematográficas. Más tarde recordaría que el propio Gabo le dio libertad para apropiarse de la historia.
La película conserva la esencia del cuento. Todo comienza cuando un viejito muy extraño, lleno de barro y con unas alas grandes, aparece en un pequeño pueblo. Lejos de interpretarlo como un milagro, los habitantes deciden aprovechar el fenómeno para obtener beneficios económicos.
Birri dedicó tres años a investigar la representación de los ángeles tanto en textos religiosos como en la cultura popular. Uno de los principales retos fue definir en qué tiempo transcurría la historia. El realizador buscó un espacio ambiguo, sin quedar atado a una época específica.
A unos 30 kilómetros de La Habana encontraron el escenario ideal y recrearon el paisaje imaginado por el director. Los habitantes de la zona participaron como extras.
Otro de los grandes desafíos fue construir las alas del protagonista. Como las plumas de ganso eran un material muy valioso en Cuba, el equipo estudió diseños históricos antes de fabricar manualmente un par que pudiera quitarse y colgarse sobre el alambrado del gallinero, tal como imaginaba Birri.
El elenco estuvo encabezado por Daisy Granados, Asdrúbal Meléndez y Luis Alberto Ramírez, mientras que el propio Fernando Birri asumió un pequeño pero simbólico papel: interpretó al anciano alado que desencadena toda la historia.
Independientemente de la creatividad de Gabo y Fernando, hay que admitir que la figura del ángel en el cine ya estaba instalada en los años 80 del siglo pasado. Habían sido mostrados como mensajeros, protectores o personajes que ponen en entredicho a los humanos.
Uno de los ejemplos más recordados es "¡Qué bello es vivir!" (1946), de Frank Capra. Allí, Clarence, un ángel de segunda clase (que se tiene que ganar sus alas) debe ayudar a un hombre desesperado a redescubrir el valor de su propia vida.
Décadas después, Wim Wenders ofreció una mirada más poética con "Las alas del deseo" (1987). En una Berlín separada por el Muro, sigue a dos ángeles que observan a los seres humanos hasta que uno de ellos decide renunciar a la eternidad para experimentar el amor y la vida.
Más recientemente, el cine también mostró ángeles alejados de la imagen tradicional. En "Constantine" (2005), basada en el cómic Hellblazer, conviven seres celestiales y demoníacos.
En ese recorrido, "Un señor muy viejo con unas alas enormes" ocupa un lugar especial, porque Birri nunca presenta al anciano alado como un ser glorioso. Está sucio, cansado y vulnerable. Es bien propio del realismo mágico.
La relación entre ambos creadores no se limita a esta película. Antes, en 1986 fundaron juntos la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba.
Pensada como un espacio de formación para realizadores de América Latina, África y Asia. Birri fue su primer director y permaneció al frente del proyecto hasta la década del noventa. Armó un modelo de enseñanza que todavía hoy es referencia para el cine iberoamericano.
A casi cuatro décadas de su estreno, "Un señor muy viejo con unas alas enormes" sigue siendo una de las adaptaciones más singulares del universo de Gabriel García Márquez.
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