Una artista que deslumbra, fracasados, inmigrantes, soñadores, justicieros, ancianos agraviados o ejemplares, trabajadores, amantes, una florista, todos ellos en el camino de la supervivencia que el autor describe de la siguiente forma: “Hasta en las peores condiciones el sosiego resulta siempre breve. No es su culpa. Son momentos donde los temores parecen avecinarse confusos, indefinidos, dispuestos a romper la calma sin dar indicios de su peligrosidad. Y la búsqueda afanosa de lugares adonde anclar, no se parece a la fe, sino a principios, puede ser el amor en sus heterogéneas manifestaciones, la angustia del vacío, la exaltación cercana a la intolerancia, el ejercicio casi desesperado del placer, la convicción de que hay un camino por delante. Todo es útil para enfrentar la incertidumbre, el miedo, el dolor intransferible, solitario, y único del humano que, obligado a admitirse como tal, no pueda renunciar aunque lo niegue. Lo conocí varias veces, conocer, digo; no haberlo visto”.