A principios de las década de 1970 Clint Eastwood era ya una figura de peso en el universo del cine. Su intervención como el “hombre sin nombre” en la trilogía del dólar (formada por los spaghetti western de Sergio Leone “Por un puñado de dólares”, “Por unos dólares más” y “El bueno, el malo y el feo”) había resultado providencial para la evolución de su carrera. Pero en 1971 formó dupla con otro director, Don Siegel, quien puso a su disposición al personaje que haría de Eastwood uno de los héroes de acción más duros y polémicos de Hollywood y construiría el antecedente para una amplia lista de justicieros urbanos, cuya aureola llega hasta Liam Neeson en “Búsqueda implacable”: Harry, el sucio (“Dirty Harry”, en el original”).



































