“Crac” opera como un libro que retrospecta la bibliografía de Licitra. Al ser títere y titiritera, como dijo en una entrevista, escribir sobre ella, en cierta medida, sienta o refresca las bases emocionales de su modo de decir. Por ejemplo, cuando escribió “El agua mala”, la tomaba la historia detrás -o dentro- del hecho de desmontar la propia casa. “Es la historia de un pueblo [Epecuén] al que le anuncian que, entre tres horas y tres semanas según donde estén las casas, va a quedar bajo agua para siempre. Tenés muy poco tiempo para elegir qué te vas a llevar de tu casa. A mí me interesaba ese desmontado veloz. Una vez, mis padres tuvieron que irse rápido del hogar en el que estábamos (yo era una bebé). Siempre pensé: ¿Cómo hicieron? Y esa casa... ¿cómo habrá quedado? Es una imagen que cada tanto me vuelve, como esos timelapses en los que vas viendo cómo las cosas se van malogrando”.