“Soy optimista, los pueblos siempre resistirán”. Ken Loach es un gran cineasta, pero ante todo es un agudo observador de la realidad social y un militante deseoso de, si no es posible cambiar, al menos visibilizar la realidad de los que siempre están debajo, indefectiblemente relegados a la opresión. Así como Pablo Larraín o Ciro Guerra en estas latitudes, Loach se aferró siempre a la necesidad de retratar la vida cotidiana con autenticidad. Desde una postura con toques neorrealistas, se inclinó varias veces a actores no profesionales y escenarios reales para captar la esencia de la vida en las comunidades marginadas. Así, al espectador le cuesta eludir lo que se cuenta por duro que sea, se tiene que hacer sí o sí partícipe de las experiencias de los personajes.
































