Era la esquina sureste de General López y 1° de Mayo. Un rincón con mucha historia del antiguo barrio Sur de la ciudad de Santa Fe. Allí había una casona con un gran ventanal siempre abierto, desde donde al pasar a bordo del tranvía o caminando por la acera se solía escuchar el armonioso sonido de un piano de cola. La casa museo del doctor Borzone, la llamaban. Pero también del escritor, el artista y el anfitrión de muchas personalidades. Es que por ese enorme living con paredes tapadas de grandes obras de arte, de Quiquela Martín y otros artistas, pasó un joven llamado Ariel Ramírez. Como pasó también un tiempo antes otro joven, Atahualpa Yupanqui.

































