El Retablo, la sala cultural independiente ubicada en Moreno 2441, cumplió 28 años. Y este sábado sus referentes decidieron festejar desde las 20 con música, títeres y una nueva muestra.
Fundada en 1998 por Cristina Pepe y Oscar Caamaño, la sala de Moreno 2441 vivió momentos duros pero nunca dejó de abrir sus puertas. Este sábado celebra su aniversario con títeres, música y teatro de mimo.

El Retablo, la sala cultural independiente ubicada en Moreno 2441, cumplió 28 años. Y este sábado sus referentes decidieron festejar desde las 20 con música, títeres y una nueva muestra.
Fundada en agosto de 1998 por los titiriteros y docentes Cristina Pepe y Oscar Caamaño, la sala vivió de todo. De hecho, a partir de ese recorrido se puede reflexionar sobre la historia de Santa Fe y Argentina. Afrontó crisis económicas, una inundación en 2003 y los efectos de la pandemia.
Para Cristina, la cifra pesa mucho. "Es un pedazo de vida que ha sido muy apasionante, por lo menos hasta ahora, ojalá podamos seguir un poco más", dijo a El Litoral. Y en esa frase entra buena parte de lo que significó sostener una sala independiente en Santa Fe durante tres décadas.
El Retablo abrió sus puertas gracias al apoyo de las familias de Pepe y Caamaño, que entendieron, según contó, qué se proponían hacer aquellos dos titiriteros cuando consiguieron el lugar.
Desde entonces, la sala atravesó la crisis económica de 2001, la inundación de 2003, que se llevó puestas piezas, libros y afiches irrecuperables, y la pandemia, que interrumpió el encuentro presencial con el público.
Ninguno de esos episodios cerró la sala. La sostuvo, según Pepe, una comunidad heterogénea de músicos, mimos como Juanjo Vitale, artistas plásticos, fotógrafos y talleristas que fueron y siguen siendo parte de la vida cotidiana de El Retablo.
"Todo a pulmón", afirmó. Una frase que suena a lugar común pero que viene muy bien para resumir tres décadas de gestión cultural realizada siempre con gran esfuerzo.
Obviamente, El Retablo no es un caso aislado. Santa Fe tiene una tradición fuerte de salas y grupos independientes que llega hasta el día de hoy, visible en la escena cultural. El Retablo se inscribe en esa genealogía.
Pepe sostuvo que vivimos una época compleja, pero que el arte siempre encuentra por dónde seguir diciendo cosas. Y separó el encuentro presencial, el cuerpo frente a la obra, frente al artista que la ejecuta, de la experiencia mediada por una pantalla.
"No es una postura anti-tecnológica", aclaró. Es una defensa de la proximidad como experiencia irremplazable, la misma idea presente, por ejemplo, en "¡Uh!... Manos", el espectáculo que el Retablo de las Maravillas estrenó años atrás.
Ese "cara a cara" también deriva en cómo la sala maneja su relación con el público, con entradas pensadas para no ser una barrera, porque lo que persiguen dice Pepe, no es la recaudación sino "el movimiento interior que produce el arte".
Cristina también reflexionó, en su diálogo con este medio, sobre por qué seguir apostando a los títeres. En su respuesta resaltó la pertenencia de esa disciplina a una expresión artística que, según varios autores, antecede incluso al teatro.
El títere, explicó, puede nacer de un objeto inanimado, antropomórfico o no. Hasta una cuchara puede volverse personaje. Lo que ocurre cuando ese objeto se anima sobre la escena es, para Cristina, una conexión difícil de nombrar pero necesaria para que el hecho dramático suceda.
De ahí su pregunta: "¿Quién maneja a quién?". Porque hay un creador del objeto y hay quien lo hace moverse, y ambos se necesitan en un arte cooperativo. El títere, agregó, dice y hace cosas que el ser humano no puede hacer por sí mismo.
El festejo del sábado tendrá como protagonista a El Retablo de las Maravillas, el elenco que dirige Oscar Caamaño, con un fragmento de "Ratones en la biblioteca", producción de la sala. La velada incluirá una nueva muestra.
En lo musical, la cita reunirá a artistas que acompañan a la sala desde sus primeros años, Néstor Ausqui, Rubén del Solar, el charanguista Oscar "Poli" Gomítolo y el mimo y actor Juanjo Vitale, presencia constante en la historia de El Retablo.
Después de cada función, El Retablo tiene un ritual, abrir el detrás de escena. Los chicos, de a poco, pueden acercarse a ver los muñecos y algún mecanismo, un intercambio que Pepe describió como genuino, no como un cierre protocolar.
Una palabra apareció muchas veces en la charla con Cristina y es la gratitud. A las familias que sostuvieron el origen de la sala, a los artistas que pasaron y pasan por su escenario, y a un público que, dijo, también les enseñó, devolviéndoles lecturas sobre lo que ocurre en escena.
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