El Señor ha querido llamar a su misericordiosa Presencia al Papa Francisco, Obispo de Roma, tras largos años de trabajo apostólico y las penalidades de su enfermedad. Habiendo aceptado el enorme compromiso de pastorear al rebaño de Cristo («Pedro ¿me amas?... Apacienta mis ovejas» cf. Jn. 21, 16), siguió sus pasos con entrega total («cuando eras joven… ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras» Jn. 21, 18), escuchando siempre el interior llamado («Sígueme» Jn. 21,19). Hoy podría decir con San Pablo: «he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe» (2 Tim. 4,7). Sus cuatro encíclicas delinean bien el arco de intereses de su pontificado: Lumen Fidei, que conecta con el pensamiento del Papa Benedicto XVI, y destaca la centralidad de la fe como la luz de nuestras vidas. Laudato Si', que propone una ecología humana desde la espiritualidad y teología católica de la creación. Fratelli Tutti, que revisita la doctrina social de la Iglesia destacando la importancia de la amistad social para construir un mundo más justo y pacífico. Finalmente, Dilexit Nos, sobre el Sagrado Corazón de Jesús, que es un compendio de cristología y antropología teológica, y también un faro profético para un futuro cada vez más deshumanizado y tecnocrático. Como santafesinos nos honrará siempre el especial amor que tuvo por nuestra ciudad y su gente (cuyos nombres y rostros guardaba en su prodigiosa memoria), impreso por su breve paso como maestrillo del Colegio de la Inmaculada Concepción. Paso que también lo marcara con una profunda devoción por Nuestra Señora de Guadalupe.