La pregunta se repite en redacciones, estudios, campañas y sobremesas políticas: ¿por qué los jóvenes votan como votan? ¿Qué los moviliza? ¿Qué están mirando? Y, sobre todo, ¿por qué dejaron de interesarse por los discursos institucionales que, hasta hace algunos años, marcaban el pulso de la conversación pública?




































