No existía la circunvalación, ni tampoco el asfalto en el borde oeste de la ciudad de Santa Fe. En la primera mitad del siglo XX, en una vieja estancia se emplazó una casaquinta que perteneció al gobernador provincial Manuel Menchaca.
Ubicada detrás del hipódromo fue uno de los faros de la zona oeste de la capital provincial. El ex gobernador la habitó tras su retiro de la política. Fue derrumbada y su aura persiste en la memoria de los lugareños.

No existía la circunvalación, ni tampoco el asfalto en el borde oeste de la ciudad de Santa Fe. En la primera mitad del siglo XX, en una vieja estancia se emplazó una casaquinta que perteneció al gobernador provincial Manuel Menchaca.
Estaba ubicada detrás del hipódromo, donde la calle Estado de Israel termina. El inmueble vive en el recuerdo de los lugareños porque sus paredes, techos y ventanales fueron destruidos. La memoria de una casa histórica, se guarda en la retina de aquellos vecinos que aún la recuerdan y, además, en las páginas de El Litoral; que alguna vez contaron cuán pintoresca era.
La historia lo ubica a Menchaca en 1936 en la zona. Tras ser gobernador (1912) e impulsar la Convención Constituyente de 1921, el líder radical fue elegido intendente de la ciudad de Santa Fe en 1934, convirtiéndose en el primero bajo el nuevo sistema de votación. Su mandato no duró mucho. En manos de la intervención federal, el mandatario capitalino dimitió al cargo en el verano del 36.
Una semblanza de El Litoral publicada por el fallecimiento del dirigente radical en agosto de 1969, recuerda su alejamiento de la vida pública.
“Años más tarde, retirado ya de las luchas políticas, se recluye en una quinta que poseía en la zona noroeste de esta capital, a orillas del Salado, pero el peso de los años no doblegaba a su inquebrantable espíritu, que lo hacía presente en todos los acontecimientos importantes de la vida pública”, contaba el vespertino.
En una crónica publicada en mayo de 1976, El Litoral dio cuenta de las principales características de la casa, su entorno y qué había en su interior. Firmado por Gustavo Víttori para el segmento Santa Fe en clave, el artículo también mencionaba otros inmuebles del borde oeste capitalinos.
Sobre la propiedad de Menchaca, el citado texto decía: “En un sitio sumamente apacible, como el anterior, y desde el que se divisan en la lejanía los edificios altos de la ciudad, el casco se muestra herméticamente cerrado en sus lados, salvo el anterior cercado por una reja de sabor itálico”.
Y agrega al respecto: “Añosos árboles entre los que se desperdigan copones con vestigios de plantas, indican el pasado esplendor en medio de un relativo abandono. En el interior de la casa, afectada por los desbordes del río en las últimas inundaciones, puédense ver aún viejos muebles y los títulos del Dr. Menchaca, como asimismo una colección de caricaturas que documenta aspectos de su época”.
“Como dato singular débese anotar que no obstante la distancia del centro la casona cuenta desde hace muchos años con servicios de teléfono y de gas (abonado Nro. 19)”, cierra la nota periodística publicada hace medio siglo.
En otro artículo de Memorias de Santa Fe, Mariano Rinaldi destacó sobre este lugar: “Llegamos al extremo del camino, una tranquera nos franquea el paso hacia un extenso parque con un aire similar a esas antiguas estancias".
"Altos pilares, verja de hierro con delicadas forjas abren el paso al patio de una finca. Es una vivienda ubicada a la altura 8000 de la ciudad, la última casa al oeste. Allí reside el ex gobernador Manuel Menchaca”, agregaba.
El párrafo se enmarca en un recorrido imaginario que el historiador realiza sobre el sustento de distintos artículos que describían cómo era este sector de la capital santafesina. “Como era el noroeste de la ciudad, recostado sobre la Av. Blas Parera en los años '50”, es el título de la nota.
No muy lejos de allí, aún sigue en pie un inmueble que algunos historiadores apuntan que allí vivió Juan Pablo López, hermano del Brigadier Estanislao y también gobernador de la provincia.
En concreto, la línea investigativa aduce que la casaquinta en cuestión fue propiedad de López y luego cambió de manos en varias oportunidades entre fines de siglo XIX y el desarrollo del XX.
El Litoral visitó el lugar recientemente y notó los problemas edilicios de la casona al tiempo de advertir lo bello de su construcción, características que también se pueden apreciar con fotos antiguas de su época de esplendor.
Otra construcción histórica y también desaparecida fue el puente Iriondo. Como contó este diario, crónicas de principios del siglo XX ubican a 1887 como la fecha en que se construyó sobre la margen oeste de Santa Fe para conectar con las colonias.
Por aquel entonces, sirvió para la comunicación con la pujante zona agropecuaria, campos y quintas. Debido a la calidad de los materiales empleados en su construcción y el mismo uso, quedó inutilizado, apenas dos años después de su construcción.
Con el correr de los años, hubo varios intentos por recuperar esa conexión pero todos fueron en vano y quedaron en la nada. Unos kilómetros más al norte se emplazó el puente Mihura que cumplió ampliamente el objetivo de conectar con las localidades de Las Colonias.
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