- Creo que la abuela nunca pensó que íbamos a llegar a tanto. Porque si bien ella siempre luchó y preguntó por su hijo, por cómo y dónde había muerto, si estaba afuera o dentro del cementerio que es algo que no supo antes de morir, como todos los familiares siempre quiso saber el destino final de sus seres queridos. Tuvimos la oportunidad, junto con mis hermanos, de dar las muestras de sangre para llegar a cubrir el 99,99 % que nos pedía Cruz Roja Internacional. En el caso particular de nuestra familia fue un poco más tedioso porque el tío no tuvo hijos; los padres (mis abuelos) estaban fallecidos; también sus dos hermanos, es decir, mi papá y mi tío. O sea que las líneas directas de sangre no estaban y las comparaciones con nosotros que éramos sus sobrinos, tomaron un poco más de tiempo. Pero lo logramos, lo cumplimos y pudimos saber cuál de todas esas tumbas era la de mi tío. Como quería mi abuela.