En última instancia, según Schnabel, la experiencia común de un festival de peregrinación conecta las religiones. Los feligreses cristianos, católicos, ortodoxos, protestantes y de otras iglesias del cristianismo desfilan en oración por la Ciudad Vieja por varios días seguidos. El viernes en la mañana, los musulmanes van a la mezquita en el Monte del Templo para orar. Y en esos días muchos judíos concurren a orar en el Muro de los Lamentos, las ruinas del Muro Occidental del Segundo Templo judío en la antigüedad. Los judíos consideran que ese es uno de los lugares más sagrados para rezar debido a su proximidad al cercano Sanctasanctórum, el recinto más sagrado, tanto del Tabernáculo como del Templo de Jerusalén, dos construcciones hebreas del antiguo Israel. Dadas las tensiones políticas de la zona, estos días son siempre un reto para las fuerzas de seguridad de la ciudad.