Unos botones blancos bien conservados trazan un camino que sube por algunas de sus columnas vertebrales: restos de la ropa que llevaban el día en que fueron ejecutadas, 31 de agosto de 1936, después de haber sido arrancadas de sus casas en el pueblo de Uncastillo la noche anterior. Sus cuerpos fueron arrojados en una fosa estrecha en el cementerio de la localidad vecina de Farasdués, en la región de Aragón.




































