Estados Unidos concretó su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) este jueves, culminando un proceso que había sido iniciado con una orden ejecutiva firmada por Donald Trump en su primer día de gestión, en enero de 2025.
La decisión se hizo efectiva al regreso del mandatario de Davos y deja a la Organización Mundial de la Salud con un agujero financiero. En Washington justifican el portazo por “fallas” de la agencia y anuncian que no habrá más fondos.

Estados Unidos concretó su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) este jueves, culminando un proceso que había sido iniciado con una orden ejecutiva firmada por Donald Trump en su primer día de gestión, en enero de 2025.
Washington justificó la retirada señalando una presunta mala gestión de la pandemia de COVID-19 por parte de la OMS, altos costos financieros considerados desproporcionados y falta de independencia política.
Trump ya había anunciado una primera retirada en 2020, medida que fue revertida en 2021 por el presidente Joe Biden. Sin embargo, en enero de 2025, el mandatario republicano retomó la iniciativa, la cual finalmente se hizo efectiva.
El retiro estadounidense abre un frente económico complejo para la organización. Históricamente, EE.UU. aportaba alrededor del 18% del presupuesto del organismo.
La agencia internacional Reuters informó que la OMS enfrenta una crisis financiera que la llevó a reducir a la mitad su equipo directivo y a proyectar recortes de aproximadamente un cuarto de su personal.
En paralelo, el debate sobre si la salida cumple todas las condiciones “como corresponde” sigue abierto por un punto sensible: las cuotas y pagos pendientes.
Washington debería abonar alrededor de 260 millones de dólares en cuotas pendientes, y conforme al reporte de la OMS, Estados Unidos no pagó las correspondientes a 2024 y 2025.
Asimismo, referentes del mundo sanitario vienen advirtiendo que la salida de EE.UU. debilita la coordinación ante emergencias y vuelve al mundo “menos seguro”.
Además, la retirada reacomoda poder: analistas citados por la revista Time señalan que el vacío de influencia puede ser aprovechado por otros actores globales y que, puertas adentro de EE.UU., podría complicar el acceso a datos clave para vigilancia epidemiológica y diseño de vacunas.
Esta es la segunda vez que Trump inicia este proceso; el primer intento ocurrió en 2020 pero fue revertido por Joe Biden en 2021 al asumir la presidencia.
En aquella ocasión, el origen del conflicto entre la administración Trump y la Organización Mundial de la Salud fue impulsado principalmente por la gestión inicial de la pandemia de COVID-19.
El 14 de abril de aquel año, se anuncia la suspensión del financiamiento estadounidense (entre 400 y 500 millones de dólares anuales) mientras se realizaba una revisión de 60 a 90 días sobre el papel de la organización en el "encubrimiento" de la propagación del virus.
Luego, el 18 de mayo, Trump envía una carta al Director General, Tedros Adhanom Ghebreyesus, exigiendo "mejoras sustanciales" en un plazo de 30 días, bajo amenaza de hacer permanente el corte de fondos y retirarse del organismo.
Finalmente, el 6 de julio el gobierno de EE. UU. envió la notificación formal de retirada al Secretario General de la ONU, la cual debía hacerse efectiva un año después tras cumplir con el pago de cuotas pendientes. Pero al año siguiente, la gestión de Joe Biden dio marcha atrás con la medida.




