“El presidente utilizó la Biblia, el más sagrado texto de la tradición judeocristiana, y una de las iglesias de mi diócesis, sin avisarnos siquiera, como telón de fondo de un mensaje antitético a las enseñanzas de Jesús y a todo lo que defiende nuestra iglesia”. Mariann Edgar Budde es la obispo de la diócesis episcopal de Washington DC, la primera mujer en asumir esa posición. A la diócesis que lidera pertenece la iglesia de Saint John, el escenario al que ayer fue caminando el presidente de EE UU, Donald Trump, junto a una pequeña comitiva. El sótano de Saint John ardió en las revueltas del domingo por la muerte de George Floyd, y Trump decidió fotografiarse a las puertas del templo sujetando una Biblia en la mano, antes de regresar a su residencia. Para hacerlo, el presidente desplegó a la Policía Militar, formando detrás de escudos antidisturbios, que cargó contra los centenares de manifestantes congregados pacíficamente, ayudándose con gases lacrimógenos y arropados por agentes a caballo, para abrir una vía en la plaza de Lafayette. La foto de Trump ha sido ampliamente criticada por los líderes religiosos progresistas, entre ellos la propia obispo de Washington.

































