Después del ataque de Estados Unidos a Irán, materializado con ayuda de Israel bajo la denominada "Operación Furia Épica", en la que murió el líder supremo Alí Jamenei junto al expresidente Mahmoud Ahmadinejad —figura emblemática del ala dura del régimen entre 2005 y 2013, conocido por su retórica antiisraelí y su rol en la escalada nuclear—, y decenas de altos funcionarios y comandantes militares iraníes, Teherán ha adoptado una estrategia de represalia asimétrica: bombardeos con misiles y drones contra bases estadounidenses en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudí y Jordania, además de objetivos en Israel y ataques que afectaron zonas civiles como Dubái. Esta táctica busca no solo dañar militarmente, sino generar impacto en la opinión pública mundial, retratando a Irán como víctima de agresión imperialista y movilizando simpatías en el Sur Global. Al atacar países árabes suníes, Irán exacerba divisiones sectarias, forzando a estos Estados a condenar la agresión iraní mientras evitan alinearse plenamente con Washington, y amplifica narrativas de inestabilidad regional para presionar por un cese al fuego.