En el sistema internacional anárquico —donde no existe una autoridad suprema que regule las relaciones entre los actores—, los Estados persiguen el poder como medio esencial para garantizar su supervivencia, tal como postula el realismo político clásico. Kenneth Waltz, en su obra Theory of International Politics (1979), define precisamente este sistema como anárquico porque los Estados son las unidades soberanas principales y no existe un poder superior que las regule o imponga orden.



































