"Me voy a Córdoba, me metieron preso al caballo"… El Zoilo era así. No había previsiones sobre el tema de conversación. Era alegre, hasta el primer ataque al corazón era imposible hacerlo enojar. Se enojaba solo por Ñuls o alguna cuestión así de seria: las pasiones lo alteraban, pero con la política y los actores políticos poco y nada. Sólo después del ataque lo suyo se volvió inatajable. Fin de los frenos inhibitorios nos dijeron pero eso es creerle a los médicos, para nosotros simplemente Zoilo se soltó, se desató, se le soltó la chaveta… y chau. Eso: se desató.

































