En una mirada específica, se pueden mencionar dos elementos que merecen especial atención. Primeramente, la educación se politizó en niveles históricos. A través de la UNDEF y la designación de aliados kirchneristas en la Escuela Superior de Guerra Conjunta y en las específicas, se llevaron adelante planes educativos modificatorios que atentan contra el libre pensamiento y contra la esencia de esos establecimientos educativos como profesionalización de los mandos medios y la relación con el mundo civil a través de la oferta académica militar. Mientras eso ocurre, se utiliza a los centros de formación como semilleros de futuros cuadros militares que representen la ideología del gobierno de turno puertas adentro de los cuarteles. Para eso, el oficialismo saliente ya dispuso una serie de nombramientos (y otros que quedaron en el tintero) en otros institutos como el Colegio Militar de la Nación, que la nueva conducción dejaría sin efectos inmediatamente para preservar la formación técnica profesional de las nuevas generaciones, por encima de cualquier otra tendencia. En otra medida, la cuestión ideológica también afectó incluso a instituciones medias como los Liceos Militares que, mientras algunos aspiran a cerrarlos, sus comunidades educativas luchan por mantener la esencia y espíritu con que fueron creados.