Hay tantas nubes en la actualidad que ensombrecen la paz mundial, pero especialmente la guerra en el Medio Oriente está a unos pasos de una posible guerra regional que contiene todo el peligro de mutar en una guerra mundial. Durante el último año, solo este rincón del mundo ha contaminado el planeta con la sangre de miles de personas inocentes, aunque según ambas religiones, tanto el islam como el judaísmo, el asesinato de una sola vida es equivalente a la destrucción de la humanidad entera. Las bombas han dinamitado no solo las vidas y las infraestructuras de las personas que viven en esta región, sino también nuestras relaciones, nuestras esperanzas y nuestros sueños en un mundo más humano. Aunque estemos a miles de kilómetros, este conflicto se ha globalizado y ha generado fisuras profundas. A diferencia de otros conflictos en el mundo, esta guerra conlleva ciertos elementos que se caracterizan por la identidad religiosa. No cabe ninguna duda, que no se trata de una guerra religiosa entre el islam y el judaísmo, pero el enfrentamiento por la identidad religiosa es innegable. De hecho, según varios informes, un efecto adverso de esta guerra ha sido el aumento global de tanto islamofobia como judeofobia. Por ello, es necesario abordar en este marco también la identidad religiosa con el fin de entender mejor la esencia de esta guerra.


































