Pese a numerosas dificultades, entre otras, la invasión de ejércitos de Buenos Aires a la provincia de Entre Ríos a través del río Uruguay, el Congreso pudo cumplir su misión y les dio a los argentinos la primera Constitución que habría de perdurar. En 1860, una convención reformadora, también reunida en Santa Fe, le abrirá las puertas al reingreso de la díscola provincia de Buenos Aires a la República constituida, con algunas concesiones, pero, asimismo, con el refuerzo del perfil federal del nuevo Estado. En 1866, una nueva reforma, que de nuevo tuvo como sede a la ciudad de Santa Fe, restableció y nacionalizó el impuesto a las exportaciones para mejorar la solvencia del Estado y, a la vez, atribuyó al Congreso nacional la facultad exclusiva de establecer tributos sobre los bienes exportables. En suma, desde 1831 hasta 1866, el proceso de progresiva institucionalización del país, tuvo a la ciudad de Santa Fe como epicentro. Por eso, más allá de cuán conscientes seamos de esa compleja evolución, los santafesinos adherimos, por vivencias propias y transmisión cultural, al sistema "representativo, republicano y federal" establecido en el primer artículo de la Constitución Nacional.