Por Lic. Luz Farto (*)

Por Lic. Luz Farto (*)
"Yo no quise lastimarte, solamente te dije que no…". Así comienza una canción de Andrés Calamaro, y también casi todas las novelas y canciones que conocemos. Hasta Games of Thrones: se trata de dos personas que se aman y no pueden/quieren estar juntos. Es que, cómo decimos siempre, el "qué dirán" pesa un montón, se hacen tantas cosas en nombre de la "reputación", si es que algo así existe o sirve para algo más que construir realidades que no existen. Inflarlas, maquillarlas, negarlas.
Y sobre la reputación de un caballero, justamente, trata el Quijote. Un caballero que se inventa batallas, conflictos que ni siquiera están ahí, para reconquistar a una princesa que no sabemos si quiere estar con él. Pero este hidalgo caballero se levanta todos los días gracias a esta fantasía que su mente recrea para no sentir el dolor. Como cualquiera de nosotros casi, quinientos años después. Es que el mundo interno tiene otros tiempos.
Funcionamos internamente como el Quijote. Nos inventamos nuestros propios molinos de viento con disfraces de gigantes y nos distraemos con ellos, para no entrar en contacto con dolores y heridas viejas, de emociones que están dando vueltas por nuestro cuerpo.
Entonces, aparece una Dulcinea o Dulcineo en la vida, para que podamos ver ese dolor que se encuentra ahí esperando salir y ser libre y ya dejarnos en paz. Pero duele y cuesta mucho y entonces volvemos a luchar contra molinos de vientos puestos, llamativamente a tiempo, frente nuestro por nuestra percepción. Los otros, Dulcinea, Sancho Panza o algún Lannister, o Stark, solo son despertadores de dolor interno, nada más, ellos no nos hacen nada con mala intención, sino que también entran distraídos con sus propios molinos.
Y, justo ahí, aparece el inconfundible rechazo del otro o de uno mismo afuera en el mundo exterior; para que lo podamos ver adentro; en el mundo interior. El "No" escondido en despidos, en demoras en el pago por algún trabajo, en los dame tiempo, en los no sé lo que quiero, en los estoy en una situación complicada pero quiero estar con vos, en los mejor lo dejamos para más adelante, en el lunes empiezo a comer mejor o a entrenar.
Terminó con otra frase de la canción de Calamaro, con una madurez emocional llamativa y reconfortante y con una invitación a mandar la reputación a donde más les guste y empezar a observar con amor y agradecimiento nuestra historia de dolor y rechazo: "Dame la mano y ven, que te enseño a perder".
(*)Licenciada en Psicología.




